Sevilla y el abrazo de las cuerdas que no entienden de imposibles.
Si hay un lenguaje universal ese es la música. Diferentes acentos, idiomas, culturas y edades de 150 pequeños y jóvenes movidos por un único motor: la música. Bajo el paraguas de un proyecto internacional pero con corazón cordobés, niños venidos de distintos puntos de España, Inglaterra y Francia, aterrizaron en Sevilla con la misión de unir sus talentos y así transformar la ciudad, convirtiéndola por unos días en una maravillosa caja de resonancia donde el patrimonio y la infancia se han dado la mano. La II International String Biennale , -proyecto educativo, musical y social de Pupitre Lab bajo la dirección general de David Arroyo y la dirección musical de Claudio Forcada – nos ha recordado que las cuerdas tienen una capacidad asombrosa: la de zurcir heridas, atar valores, impulsar talentos y dibujar futuros. Y ante tan maravillosas premisas nos unimos a la causa junto a la Asociación Victorias Aladas.

Cuatro sedes para cuatro conciertos que nos hicieron vibrar. Porque la música mueve y conmueve; apasiona y sorprende. La Capilla de los Estudiantes, la Iglesia de La Anunciación, el Monasterio de San Isidoro del Campo (Santiponce) y el Teatro de Capitanía General. Cuatro espacios emblemáticos como marcos perfectos para la excelencia de estos pequeños.
Les invitamos a entrar en el Teatro de Capitanía General… Sitúense bajo la imponente vidriera obra de los Hermanos Maumejean… observen el escenario. Allí, la vida se mide en arcos. Hay manos diminutas, de apenas 4 años, que sostienen el violín como quien guarda un tesoro, y manos adolescentes, que no titubean aún cuando la edad sigue siendo la de juegos y travesuras; manos firmes y seguras, que guían a los más pequeños en este encuentro musical. Es un ecosistema de generosidad donde el mayor cuida del menor y donde el talento no entiende de códigos postales ni de capacidades distintas.
Como bien describe Amparo Graciani, Presidenta de la Asociación Victorias Aladas, no es solo música; es arquitectura emocional sobre arquitectura de piedra.
















Un puente entre el esfuerzo y la gloria
150 jóvenes talentos de España, Inglaterra y Francia han demostrado que la excelencia no es un privilegio de pocos, sino un derecho de todos. Ver a un joven de 17 años compartir atril con un niño que apenas empieza a descubrir el mundo es entender lo que significa compartir desde el respeto al otro, con sus particularidades y capacidades. Para muchos de estos pequeños gigantes, el violín no es un instrumento; es un pasaporte, una voz propia en un mundo que a veces silencia a los más vulnerables.
El público lo resume con una palabra: gratitud. Salieron de los conciertos, como dicen los comentarios en redes, «con el alma alimentada». Porque cuando sonó el Himno de Andalucía en la voz de María José Santiago, arropada por esta marea de cuerdas, uno comprende que la música es el lenguaje universal que mejor riega los corazones.



Gratitud en cada nota
Nada de este milagro habría sido posible sin la suma de voluntades que creen en el poder transformador del arte. Desde Acceptus, queremos expresar nuestra más profunda gratitud a Pupitre Lab por hacernos cómplices junto con la Asociación Victorias Aladas. Y así, en equipo hemos contagiado a cuantos nos han ayudado para hacer de la música, magia y del esfuerzo, excelencia: la Cátedra Arzobispo Juan del Río Martín de la Universidad de Sevilla, movida por su compromiso con el diálogo entre cultura y fe; Capitanía General de Sevilla, siempre firmes cuando arte, educación y fines sociales se ponen sobre la mesa y al Ayuntamiento de Santiponce, que abrieron de par en par las puertas de su patrimonio y de sus corazones. Y, cómo no, gracias a los profesores y a las familias que han permitido que Sevilla haya sido, del 9 al 12 de abril, la capital mundial de la esperanza, el futuro, la concordia, el entendimiento y las cuerdas.
La música no sirve para cambiar el mundo, pero sí para cambiar a las personas que van a cambiarlo.
#LaMúsicaEsCultura #LaCulturaEsPaz


El documental que cruza fronteras: RENACIENDO